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Crónica EcoRuta: Valleseco

Descubre nuestra EcoRuta por Valleseco, un enclave de naturaleza verde formado por dos barrancos y un valle central más seco, del cual recibe su característico nombre.

Mientras atravesábamos la laurisilva del Barranco de las Ánimas, no podíamos creer que existiera un bosque tan verde y fresco en Gran Canaria. Todo olía a limón, eucalipto y laurel, y nos envolvían los sonidos de la naturaleza, interrumpidos sólo por nuestras voces mientras conversábamos con los residentes de Valleseco.

Nuestra primera Ecoruta como voluntarios de Mundocreativo comenzó a las 9 de la mañana. Partimos en furgoneta desde la sede de la asociación, una típica finca canaria ubicada en Tenoya, para encontrarnos con un grupo de senderismo del ayuntamiento de Valleseco con el que realizamos la ruta de limpieza por el Barranco de las Ánimas y luego el Barranco del Rapador.

Mientras la furgoneta subía hasta Valleseco, el paisaje de mar y rocas volcánicas se transformó en bosque. Viajábamos entusiasmados por la idea de conocer lugares nuevos y tener la oportunidad de dejarlos mejor de lo que estaban.

La primera parte de nuestra caminata comenzó con un descenso por el Barranco del Chorro, un camino de tierra que inicia a pocos metros del área recreativa de la laguna de Valleseco. Desde allí, zigzaguea flanqueado a la derecha por el bosque canario y a la izquierda por árboles de castañas e higueras. 

Siguiendo una senda que nos obligaba a ir en fila, nos internamos en el Barranco de las Ánimas, donde la laurisilva que alguna vez cubrió toda la isla todavía crece sin restricciones. Terminamos el recorrido bajo limoneros, laureles y eucaliptos, rodeados de helechos y arbustos de moras.

Al mediodía, recorrimos el Museo Etnográfico y Centro de Interpretación de Valleseco, donde aprendimos sobre la fabricación de sidra y la cultura del gofio en las islas, así como la importancia de los molinos del pueblo en su producción.

Aprovechamos la visita al casco histórico para almorzar en el Parque Municipal y conocer la iglesia de San Vicente Ferrer antes de continuar hasta donde comenzaríamos la segunda parte del recorrido: el Barranco Rapador, un camino de cornisa que descendía bajo la sombra de pinos e higueras hasta llegar al cruce con el Barranco de la Virgen

Durante el trayecto, conocimos a Manolo, un residente de Valleseco que propuso evitar la subida por el Barranco de la Virgen y tomar el camino del Molinete y Caserones hasta una casa típica canaria con una ermita de la Virgen de la Silla.

En el camino, recogimos tunos silvestres y nuestros acompañantes de Valleseco nos enseñaron a comerlos como lo hacían desde niños, aunque no pudimos evitar las espinas. Finalmente, separamos los pocos residuos que encontramos, aunque nuestras bolsas estaban prácticamente vacías, pues Valleseco estaba muy bien cuidado

En resumen, nuestra primera experiencia como voluntarios nos permitió conocer lugares hermosos, compartir momentos con personas locales y dejar el recorrido #mejorqueestaba.