Indonesia
Bali
Tanah Lot
Kecak
 
Escrito desde el Hotel Lusa, Kuta (Bali)
Autor: Jose Lourido
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Pasan las semanas y poco a poco comenzamos a adaptarnos al viaje; hay que dejar atrás comportamientos un tanto rígidos que dominan nuestras vidas en Europa y dejarse fluir y arrastrar por el torbellino de sensaciones con las que cada día te sorprende este continente. 


La verdad que este primer contacto no podía haber sido más positivo… siempre había considerado Malasia como un país de tránsito entre dos “grandes” como Tailandia e Indonesia, pero ahora nos vamos con la sensación de marcarlo para más adelante en la agenda. Las imágenes quedarán ya para siempre en nuestra memoria; el Thaipusam, el apacible ambiente del barrio chino de Malaca, nuevos amigos como Maia y Rafael, interesantes conversaciones con la siempre amable gente local… incluso podemos decir que hemos cenado en el restaurante malayo que se jacta de servir la mejor comida musulmana de todo el país, y además debía de ser cierto porque vimos a dos ratas XL subiéndose por las paredes de la alegría (no es broma).

En nuestra despedida del barrio chino disfrutamos de los preparativos para el fin de año; máscaras, dragones, bailes… las calles iluminadas con los típicos farolillos rojos. Incluso había un escenario con actuaciones en directo. Al pasar por delante me di cuenta que estaban subiendo gente del  público así que intenté escapar sin que se notara andando hacia atrás tipo Michael Jackson y gritando a Amandine que saliéramos de allí rápidamente (aquí se pone en evidencia el sentido del ridículo de los gallegos). Amandine tenía otros planes y a los 2 segundos estaba levantando la mano y subiendo al escenario como voluntaria (están locos estos belgas).

Al final y tras un juego de adivinar letras chinas ganó un premio de 50 euros en un salón de belleza, que en España valdría para quedarte como Belén Esteban, pero que en Malasia es una pequeña fortuna. Eso sí, tontos los chinos no son, y el premio había que  disfrutarlo en un pueblo perdido de la mano de dios (esto me dio buenas ideas de negocio para la vuelta en España; concursos con premios a canjear en Pedrafrita do Cebreiro o Villanueva del Trabuco…)


De Malaca tomamos un bus con destino a Singapur, nuestra pequeña parada antes de movernos al paraíso Indonesio: Bali.  A cada paso encontramos ejemplos de la generosidad y simpatía de los malayos, como cuando llegamos 10 minutos después de que el bus saliera de la estación y la chica de la taquilla llamó al conductor por teléfono para que volviera. Me imagino la cara de un conductor de Alsa en España ante la misma situación,… Manolo, ¿Dónde estás? ¿Ya en la autopista? Bueno, pues mira da la vuelta que hay aquí una pareja de turistas malayos que acaban de llegar… Manolo? Manolo estás ahí? De que te ríes Manolo?

En Singapur sólo paramos una noche; los precios ya son más parecidos a Europa que al resto de Asia , aunque por el alojamiento pagamos lo mismo que en Malaca: 5 euros la noche, con la pequeña diferencia de compartir habitación con 20 personas a cada cual más extraña. Todavía no entiendo como no han creado un reality show para televisión basado en el dormitorio comunal de un hostal como este.. . “Locura en el Hostel”, “Frikis en la litera” se me ocurren muchos nombres; incluso viendo la limpieza de los baños podría ser en plan “supervivientes”;  - Manolo (al conductor de Alsa lo despidieron por descojonarse de los malayos), has contraído tifus galopante y fiebre amarilla…, estás nominado.

Aunque lo peor del hostal era con diferencia el gigantesco foco que usaron como luz de emergencia; vamos que en caso de incendio no sabes si estás escapando por la puerta o te has “ achicharrado” y estás subiendo al cielo a prepararle escusas a San Pedro.


Ya en Bali, nuestro primer día lo pasamos como no en la playa; la temperatura del agua es sencillamente perfecta, podrías estar todo el día sin salir y siempre tendrías una sensación agradable (igualito que en Galicia a los 2 minutos y medio). El alojamiento  no estaba mal, pero  nuestro bungalow estaba en una zona de “templetes” con peceras y pájaros enjaulados; no sé si sería por venganza por haberles quitado la libertad, pero a las 6 de la mañana estos pájaros empezaban a  cantar y mantenían un mismo ritmo durante horas; Tuuuuu tuuuu tuuuu, ….  Ñeeee cooooo, I kiiiii kuuuuuu….. tuuuuu tuuuu tuuuu, ….  Ñeeee cooooo, I kiiiii kuuuuuu…..; durante estos días nos han despertado toda clase de ruidos,  incluso en Malasia nos alojamos frente a una mezquita y a las 6 ya están cantando, pero lo de los pájaros era demasiado, así que al segundo día nos mudamos y encontramos un pequeño paraíso donde las mañanas son más tranquilas. Eso si, durante  la primera noche en nuestro nuevo alojamiento salimos corriendo a las 3 de la mañana en camisón y gallumbos por culpa de un “pequeño” terremoto de 6,6 grados.  Al menos ya sé que contestar en estos típicos test de revista: ¿Qué sería lo primero que salvarías en caso de un terremoto? ¡Mi portátil!


Tras el susto del temblor mi primer  gran objetivo en los primeros días de playa era no quemarme. Fracasé. La verdad que en esta ocasión lo intenté; iba a bañarme con la camiseta, paseaba por la sombra, incluso me eché una crema factor 80 que traía Amandine y que demostró ser más ineficaz que una comisión de investigación por corrupción en España.  El primer día Amandine estaba ya negra y yo  parecía la bandera del Líbano: rojo por arriba, rojo por abajo y completamente blanco en la zona del bañador (el vigoroso arbolito de la bandera que cada uno lo interprete como quiera). Por si fuera poco la zona más afectada fue la parte posterior de las rodillas, por lo que tenía que andar completamente tieso y  por culpa de unas rozaduras del bañador con las piernas un poco separadas… vamos que veo un tío así andando por una playa en España y  escapo corriendo pensando que nos han invadido los alienígenas.


Durante los días siguientes alquilamos una pequeña moto y nos dedicamos a recorrer el sur de la isla. Como siempre nosotros, optimistas por inercia y posteriormente pesimistas por experiencia, salimos sin mapa y a lo loco a buscar uno de los templos más conocidos de Bali: Tanah Lot.

Las indicaciones no son precisamente buenas y en  cada en cada cruce elegía la dirección un poco “al azar”, por lo que cada cierto tiempo nos parábamos a preguntar y siempre nos decían que íbamos bien… que siguiéramos todo recto. Yo al principio iba contentísimo pensando que me orientaba mejor que Willy Fog con un GPS, pero  cuando a las 2 horas empezamos a ver pueblitos y terrazas de arroz nos dimos cuenta que nos habíamos perdido (eso si, ya de perderse al menos que sea un sitio bonito). Quizás con esto de que es una isla te envían hacia delante y ya llegarás aunque sea danto toda la vuelta, pero lo cierto es que tardamos bastante en llegar a nuestro primer destino.  Para volver preguntamos a un motorista en un semáforo y nos dijo que él iba al mismo sitio y que lo siguiera, así que adopté posición de Fernando Alonso (cara de mala leche y ante cualquier problema le echaba la culpa a Amandine) y fijé mi objetivo en no perder de vista a nuestro amigo. Fracasé. A los 30 segundos ya no lo veía entre las miles de motos a mi alrededor. La gran sorpresa vino al encontrarlo parado en el primer cruce, esperando a que llegáramos y así continuó con todos los demás hasta nuestro destino.  Este es sólo un pequeño ejemplo de cómo es la gente de aquí, siempre con la mejor sonrisa, amable hasta el infinito… sencillamente increíble.

En una de nuestras excursiones motorizadas fuimos a visitar el templo de Pura Luhur, en Uluwatu. El templo del siglo XI está situado en un impresionante acantilado a 90 metros de altura y muy cerquita de uno de los puntos de surf más importante de la isla. Decidimos que la puesta del sol y el entorno eran perfectos para ver por primera vez una de las famosas danzas balinesas, el Kecak, aunque nos decepcionaron un poco porque parecía más un show turístico que algo serio (que el demonio se llamara MARICA no hacía presagiar nada bueno con la actuación).

Lo mejor fue que a la salida conocimos a varios españoles… entre ellos me sonaba uno y resultó ser Ignacio Izquierdo, viajero dando la vuelta al mundo y con un blog imprescindible el cual ya había visitado en distintas ocasiones: www.ignacioizquierdo.com; como curiosidad viajando los dos por Mongolia con escasos meses de diferencia fotografiamos a la misma niña en el desierto del Gobi (su foto mil veces mejor por cierto). 


Tras estos primeros días de contacto en la isla nos movemos ya esta mañana con destino Ubud, el centro artístico de la isla.  Hemos visitado playas espectaculares, admirado fantásticas puestas de sol, recorrido curiosos templos, disfrutado de la magnífica gastronomía local y sobre todo de la gente de aquí;  incluso por fin  he pasado de mi estado tricolor a un moreno motero que parece que llevo  guantes a lo Rita Hayworth; las próximas semanas seguiremos empapándonos de este pequeño paraíso de personas muy muy grandes…

P.D. Tenemos una conexión un poco lenta, así que esperamos subir en unos días los vídeos y fotos 360